Por Jorge Gamboa
“Si tratamos de controlar algo sobre lo que no tenemos autoridad [control], no cabe duda de que fracasaremos y encontraremos frustración y ansiedad a lo largo del camino.”
Derren Brown en “Érase una vez… una historia alternativa de la felicidad”
Proceso de mentoring
Mentee: Ejecutivo – multinacional de seguros
Sesión: 3
Minuto: 35
Jorge Gamboa – Si te estoy entendiendo bien, ¿es como si fuera un pensamiento en bucle que se repite de manera insistente y que, además, se hace presente tiempo después del suceso y cuando las circunstancias que vives son distintas?
Mentee – Sí, así es -me contesta-.
JG – Para hacerme una idea más clara: ¿sientes que cometiste un error, te reprochas el haberlo cometido y la imagen de ese error se repite en tu cabeza y la emoción que persiste en ti es de intranquilidad?
M – Sí, así es -repite-.
JG – ¿Identificas alguna otra emoción que ha estado presente en esos momentos en los que entras en ese pensamiento repetitivo?
Segundos de silencio. No interrumpo el silencio, lo dejo que encuentre las palabras. La pausa se extiende. Yo resisto y no hablo porque es evidente que está en un proceso reflexivo para identificar las emociones por las que transita en los momentos donde ese pensamiento se hace presente. «Entender las emociones no es tan fácil, no estamos acostumbrados a ello» – me digo -.
Un rato después contesta: “Jorge, ahora que me haces pensar en eso, hay dos emociones que identifico: ansiedad y algo de frustración.”
De inmediato me acuerdo de la segunda parte de Intensamente (Inside out) y le hablo a él sobre esas emociones que me mencionaba y la curiosidad que me generaba que en esta película la ansiedad cobrara tanto protagonismo.
No es casualidad. La ansiedad es una emoción muy presente en el mundo de hoy, está a la vuelta, a pocos metros. No es necesario hacer un análisis muy profundo, solo hay que observar a los demás y a uno mismo: se ve mucho afán, se sale de una reunión (en general improductiva) para entrar en otra, se pide un momento para enviar un correo y después atender al compañero, el no tengo tiempo se repite, suspiro va y suspiro viene como queriendo recargar energía para la siguiente carrera, porque la palabra correr está también presente y se conjuga en distintos tiempos: acá corriendo, me tocó correr mucho para llegar, tendré que correr para sacar este proyecto adelante. Correr, correr, correr…
Es el mundo que nos tocó vivir, la época del rendimiento como diría Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio: “una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos”. Una sociedad donde todo lo podemos.
Nos dijeron que el límite está cielo, y nos comimos el cuento. Queremos rendir en todo: ser exitosos ascendiendo en la vida corporativa, hacer maratones o triatlones, ser los mejores papás, tener una vida de viajes, compartir con amigos y además leer, y ya no leemos por el gusto de leer, sino porque nos pusimos una meta de cantidad de libros leídos al año.
Buscamos contabilizar. Somos exitosos en la medida en que consigamos cosas, y las cosas se traducen en números. Quizás por eso hoy queremos tips, pasos a seguir, porque eso se puede poner en una lista de primero, segundo, tercero. La filosofía, la historia, el arte, son conocimientos inútiles, y lo son porque no dan rendimiento.
Y bajo ese panorama el error puede estar mal visto porque alguien que rinde lo está dando todo para ser mejor, para cumplir metas y objetivos. Se cuida la imagen: yo puedo y, como líder, hago que todos podamos. Un error afecta la imagen. Y cuando nos equivocamos viene la intranquilidad por el reproche que nos hacemos, se activa la ansiedad por las repercusiones que puedan venir y la frustración no se hace esperar.
Vuelvo a la conversación.
JG – Ese error que dices haber cometido ¿qué repercusiones puede tener? ¿puede perjudicarte? ¿te afecta en tu bono de fin de año?
M – No, realmente, ahora que lo pienso, es algo insulso. No me gustó equivocarme, me gusta hacer las cosas bien, pero lo que más me pone así es sentir que estoy quedando mal ante mi jefe y mis reportes.
“Quizás sea la autoexigencia, producto también de esa cultura de rendimiento” -lo pienso, no digo nada-. Lanzo la siguiente pregunta:
JG – ¿Te pasa únicamente cuando sientes que cometes un error? Me refiero a ese pensamiento en bucle del que me vienes contando.
El silencio de rigor y la respuesta:
M – Jorge, generalmente no descanso, mi cabeza no para, voy a dormir con cosas del trabajo dándome vueltas y mis pensamientos al levantarme giran alrededor de la agenda que tenga para ese día.
JG – En ese sentido, ¿estas identificando otro tipo de necesidad para esta sesión? Es decir, no es trabajar sobre el error que me contabas hace un momento, sino trabajar en algo más allá de eso…
M – Sí -su mirada cambia, se ilumina, es evidente que encontró algo valioso-. Sí -repite- ¿Se podría de alguna manera calmar la mente? Quiero descansar de tanta cosa que a veces siento que tengo.
Cuando oigo esto, Epicteto viene a mi cabeza. El filósofo esclavo. El estoico. El que decía “es mejor morirse de hambre en un estado de ánimo confiado y tranquilo, que vivir con ansiedad entre la abundancia”, el mismo que creía que teníamos una tarea principal en la vida: la “de identificar y separar los asuntos para poder decirnos claramente a nosotros mismos cuáles son externos y no están bajo nuestro control y cuáles tienen que ver con las decisiones que realmente controlamos”. La bifurcación estoica. ¡Cómo me gusta esta herramienta!
JG – ¿Te suena de algo la bifurcación estoica? -Le indago-.
M – No. No. De nada me suena -su cara expresa inquietud, curiosidad. Es un hombre al que le gusta aprender-.
JG – Suena un poco rimbombante o rara la cosa, pero es algo muy sencillo de aplicar. Es una herramienta que me parece muy útil para apagar la ansiedad en la que a veces entramos y con ello encontrar la serenidad de la que tanto hablaban los estoicos.
El objetivo es centrarse en aquello que depende de nosotros: nuestras acciones, nuestra actitud, el diseño de nuestras emociones, lo que anhelamos, las opiniones que damos, o la manera como asumimos aquello que nos pasa. Epicteto, y los estoicos en general, pensaban que siempre somos libres de elegir la manera en cómo respondemos a las situaciones que enfrentamos.
Ojo, te aclaro, esto tiene matices y se debe entender cuál puede ser el alcance en su aplicación, que será distinto en cada uno de nosotros. Estaría mal venderlo como la solución a la eliminación de cualquier cosa que nos genere intranquilidad o sufrimiento. Hay momentos donde se viven experiencias de profundo dolor, que son externas y que nos afectan y con la bifurcación estoica no se superarán, pero para el cotidiano vivir aplícala y date cuenta de los resultados. Si no te funciona, buscamos otra herramienta.
M – Entendido. Suena interesante. ¿Me puedes explicar un poco más?
JG – Lo que tendrías que haces es tomar algo con qué escribir y en dónde escribir: un papel, un cuaderno. No se vale hacerlo en el pc, o Tablet o celular. Tú, un lápiz -me gusta escribir con lápiz-, y la hoja. En ella dibujas dos columnas. La primera la titulas ¿Qué está bajo mi control? La segunda, ¿Qué no está bajo mi control?En la primera columna, escribe una lista de aquellos pensamientos y acciones que están bajo tu control respecto a la situación que estás viviendo y que te generan intranquilidad o ansiedad. En la segunda, haces lo mismo pero con todos esos pensamientos y acciones que no están bajo tu control, que son externos a ti, luego lees eso que escribiste, reposas esa información y la aceptas genuinamente desde el corazón; como una especie de mantra: acepto que … (lees la lista)… no está bajo mi control, no puedo hacer más que enfocarme en aquello que esté bajo mi control, ahí está mi foco, y vuelves a la lista sobre la que sí puedes trabajar.
¿Qué está bajo mi control? | ¿Qué no está bajo mi control? |
Listar pensamientos y acciones que estén bajo mi control. | Listar pensamientos y acciones de otros, situaciones externas a mí, y que por ello no están bajo mi control. Las acepto, y me repito el mantra, para volver a la columna de la izquierda y focalizarme. |
JG – ¿Se entiende la herramienta?
M – Sí, suena práctica.
JG – ¿Te hace sentido?
M – Sí. Es cierto que a veces nos desgastamos mucho pensando en cosas sobre las que quizás no tengamos injerencia. Incluso puede servirle a la gente de mi equipo.
JG – Ohhh -mi cabeza se ilumina mientras hablo-. ¡Claro! Quizás pueda funcionar como matriz para un trabajo grupal. Que el equipo determine claramente aquello que está bajo su control y aquello que no, y desde ahí se focalicen acciones. Gracias por la idea, te la robo, voy a desarrollarla más.
M – No tengo problema -lo dice con una sonrisa frente al robo que de frente le estaba haciendo-.
JG – ¿Desde cuándo empezarás a usarla?
M – Desde hoy mismo.
La sesión empieza a finalizar. Siempre es importante que dentro de un proceso de mentoring cada sesión termine con unos compromisos de acción, y que esos compromisos sean verbalizados por el mentee.
JG – Te resumo. Hoy nos dimos cuenta que hay tres emociones que “te visitan” cada tanto: intranquilidad, ansiedad, frustración. Igualmente, que te sientes agotado porque tu cabeza no para pues al parecer está en modo trabajo, incluso antes de dormir y al levantarte. Además, encontramos que la bifurcación estoica puede ser una herramienta que te servirá para aquietar tu mente en la medida en que te vas a focalizar en aquello que realmente esté bajo tu control. Y por último, dices que empezarás a aplicarla hoy mismo. ¿Estas de acuerdo conmigo?
M – Sí. Es un buen resumen. Gracias. Te contaré en nuestra siguiente sesión cómo me va aplicando esto de la… -mira sus apuntes y lee- bifurcación estoica.
JG – Antes de terminar, te dejo esta pregunta para que en la próxima sesión la trabajemos: ¿A qué crees que responde en ti esa necesidad de control sobre aquellas cosas que no dependen de ti?
Él anota la pregunta y se despide con la misma expresión de alegría y esperanza que venía teniendo desde que descubrió que quería parar con su agobio mental. Me despido dándole las gracias por su confianza, cierro la sesión en el Zoom y empiezo a escribir en mi bitácora un resumen de ella…
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